Emilie Simon (2003)

Retomamos la costumbre de destripar discos y seguimos sumidos en un eterno viaje sonoro con un remarcado caracter francés. La formación musical de Emilie Simon es, cuanto menos, envidiable: siete años de conservatorio, canto lírico, música clásica en La Sorbona y música electrónica en el IRCAM ayudan a tejer unos delicados entremados musicales sobre los que se pasea su suave voz.

Su primer album, homónimo, fue publicado en el año 2003 bajo la tutela de Universal Records. Abre el disco “Dessert“, su primer single, en un lento, pero sentido canto sobre la soledad acompañada por un órgano al final de la misma. El disco ya ha echado a caminar y aparecen las programaciones electrónicas y los fascinantes arreglos que la propia Emilie realiza en sus composiciones, no en vano estamos ante el mejor disco de música electrónica francesa de la edición del 2004 de Victoire de la musique. “Lise” es justamente eso: programaciones y violines.

A los discos muchas veces se llega por casualidades, éste es uno de los ejemplos más claros. En su debut, Emilie, aprovechó para deconstruir varias canciones bastante populares. La primera de ellas, “Femme Fatale” de The Velvet Underground, junto a Tim Keegan en las voces es un auténtico remanso de paz. Es una de mis canciones favoritas de The Velvet Underground y la versión no desmerece la original. El tercer corte del album es realmente potente, mientras transcurre “Secret” es imposible no acordarse de Portishead. Un medio tiempo clásico ya del trip-hop extrañamente guitarrero y con cierta profusión al coqueteo con los efectos de sonido y leve tendencia a la aparición de ruidos estudiados. Si tuviera que acordarme de algún artista en la siguiente canción, “Il pleut“, tendría que engendrar un nuevo ente formado entre la capacidad rítmica más mecanizada de Matthew Herbert y las melodías más etéreas de los primeros discos de Air.

Siguiendo el juego de las deconstrucciones la siguiente en pasar por el prisma de Emilie Simon es un pedazo de clásico de The Stooges como es “I wanna be your dog“. Sí, una canción repetida hasta la saciedad, interpretada por cientos de grupos y, lamentablemente, casi siempre con poco acierto. Todo un trallazo camino del electroclash con una elegancia exquisita sin apenas levantar la voz, disfruto muchísimo de las posibilidades de la reproducción en estéreo durante esta canción. “To the dancers in the rain” es una delicadísima composición, preciosa, que retoma la senda del sonido creado en Bristol.

A lo largo de las catorce canciones que conforman este disco uno tiene la impresión bipolar acerca del mismo. Parece que estuviera estructurado de manera lógica en una secuencia de ritmos lentos, pausados, ambientales que dejan paso a pequeños acelerones rítmicos, intensos y profusión de sonidos. Prueba de ello son “Dernier lit” y “Graines d’étoiles” junto a Perry Blake. “Flowers” es una de esas extrañas canciones que nunca terminas de encajar por completo en el conjunto del disco, se halla un tanto desubicada. Además posee una melodía muy recurrente, tengo un extraño recuerdo setentero al respecto, pero jamás me acordaré. Y, como en “To the dancers in the rain“, el uso del inglés por parte de Emilie me permite adentrarme en sus letras: simples, dulces, sencillas.

Piano y trombón inician un alicaído “Vu d’ici” que va cobrando forma poco a poco hasta llegar a un animoso final muy propio de Saint Ettiene. En “Blue light” Emilie retorna al inglés nuevamente para abrir su corazón y enseñarnos un nuevo camino entre las estrellas. Duodécima canción del album, “Chanson de toile“, y una de las evidencias más claras de la formación clásica de Emilie a través de arreglos de cuerda y viento . Y, por fin, llegamos a la tercera de las deconstrucciones y el motivo primigenio por el cual este disco llegó a mis manos: “La vie en rose” de Edith Piaf, una de mis canciones fetiches. Poco o nada se puede decir ante canciones insuperables, cualquiera de las reencarnaciones de este clásico de Piaf siempre será hermoso y más si tras él se esconden artificios sonoros y juegos electrónicos que realmente permiten dibujar paisajes ajenos en los que cerrar los ojos y disfrutar. Cierra esta edición del disco “Solène” donde Emilie alcanza su mayor intensidad vocal en otro corte en el que los beats por minuto parecen acelerarse y conducirnos a una pista de baile.

Gran debut para esta chica francesa. El conjunto del disco es más relajado que bailable, más íntimo que popular. Es un disco de esos que deben ir directos al paladar, hay que pararse y saborearlo sin prisa. Disfrutando de sus arreglos y orquestaciones, de su calidez vocal. Disco muy rico en matices y colores.

www.myspace.com/emiliesimonmusic
www.emiliesimon.com

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Un comentario en “Emilie Simon (2003)

  1. A Emilie la conocí, sí, por casualidad, alguien me regaló un disco que se titula: Mujeres del mundo y por ahí, escondida estaba una canción que se titula THE FROZEN WORLD, que después me enteraría forma parte de la banda sonora de un bello documental, LA MARCHA DE LOS PINGÜINOS…y quedé simplemente enamorada de todo lo que engloba la música de Emilie, quizás no sepa mucho de música, pero disfruto increíblemente a esta bella cantante francesa, tengo todos sus discos y me encantan, tiene diferentes matices y es genial dormirse escuchando su voz…¿verla en vivo?…debe ser magnífico…gracias por el artículo…

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