Los Chikos del Maiz @ Jimmy Jazz (Madrid) 27-02-10

Al parecer hace ya quince años que varias cabezas bien pensantes decidieron montar un bar en el madrileño barrio de Vallecas. La música en español dominaría sus noches contestarias bajo el influjo eterno de unos The Clash que aunque otorgan sombra, dudo de su aceptación del hecho manifiesto de la consagración de la experiencia sin más sensación que la no vivida. Y en esos pensamientos andaba uno cuando decidió inmiscuirse en la celebración de tal curioso aniversario, no ya por la propia idiosincracia del local ni por sus innumerables conciertos recordados en su interior. No, a Vallecas nos llevó la música, como siempre, sin nombre ni apellidos. Durante el pasado mes de febrero vimos desfilar gratis por el bar Jimmy Jazz a Punk Guerrilla, Lilith, El GItano, La Cabra y La Trompeta, Vindicatio, Haldford Experience, Iratxo y, cerrando el aniversario y por primera vez para un servidor, los raperos valencianos Los Chikos del Maíz.

Había expectación para ver a Tony y Nega sobre las tablas de una vez. Los Chikos del Maíz no son uno de los grupos más seguidos en mi hogar, pero en cambio hay que decir que al primer disco en solitario de Nega, Geometría & Angustia, sí que ha dado las suficientes vueltas en el lector como para poder apreciar un simple cambio de entonación o una coma mal leída. Siempre será de buenas personas el ser agradecidos a quien organiza, mueve y trae a un bolo a personas que, por una cosa u otra, no se dejan ver tanto por la capital del reino. Eso sí, ni lo cortés quita lo valiente ni la amistad tiene que ser un impedimento a la sinceridad.

El concierto empezó tarde, bastante tarde. Los errores mecánicos no tan comunes como los humanos, ya es decir, sirvieron de teloneros a Los Chikos del Maíz que se vieron tirados en la A-3 en dirección Madrid hasta que un alma cándida coronada bajo la nomenclatura de “amigo” hizo posible que llegasen a tiempo. Tiempo justo de tomar una cerveza, encenderse un cigarro y arrancar. La verdad que a los chavales, a pesar del retraso, se les veía bien, motivados, con ganas de darlo todo, aunque siempre quedará ese recuerdo, ese leve olor a rave que impregnaba movimientos y sensaciones encontradas.

Los Chikos del Maíz, como tales, tienen un repertorio realmente escaso. No más de diez temas que se van aderezando con canciones en solitario de ambos bandos compromisarios, Nega y Tony, en los que Richie Lanuit actúa como notario y maestro de ceremonias sobre los platos. Así, en un ratito, fueron cayendo temas como S.O.S. Regresé, Mi Novia es de Derechas, Estilo Faluya, Pasión de Talibanes o El Gobierno lo Niega (Rojos) dentro de un ambiente muy politizado, sin pelos ni dudas en la punta de la lengua y odio, porque no, mucho odio a todo lo que engendra, positiva, perpetúa y suscita este sistema político-económico que conduce nuestras vidas. Quizás la diferencia entre un concierto de Los Chikos del Maíz y cualquier grupo de punk sea el cambio de guitarras y baterías por beats y scrachts; bueno y las letras… pero quiero entrar en la inmensa insustancialidad y falta de talento de los grupos de rock españoles. Hay canciones que simplemente la letra puede hacer que viva eternamente y hay otras que… nunca debieron ser editadas bajo licencia comercial.

El público parecía disfrutar, coreaba sus canciones, reía los chistes de Nega y las injerencias de Tony,… pero… siempre hay un pero. Vale, aceptamos que hubiesen llegado tarde y por tanto no hubo prueba de sonido, de hecho el propio Nega se reía varias veces a lo largo de las primeras canciones del concierto: “esta es nuestra prueba de sonido, ¿se escucha bien allá afuera?”. Pues no, Nega, no se oía bien, ni al principio ni al final. Desconozco como está montando el conexionado del Jimmy Jazz, ni siquiera me acerqué a curiosear el equipo del que disponían. ¿Para qué hacerlo si ya de por sí la PA tenía una mala pinta impresionante debido a su ubicación? (Aunque, siendo sinceros, no acoplo en ningún momento y mira que tenía todas las de la ley para hacerlo). Hubo problemas de principio a fin del concierto, sin excepción alguna, tanto en PA como en monitores. Quizás en monitoraje no se notase tanto, al menos desde fuera, pero los propios músicos tenían dificultades para escucharse en condiciones y fuera…

Cuando sólo se dispone de dos cajas acústicas para funcionar como PA y una de ellas no funciona es que algo muy malo va a pasar y pasó. La verdad que desconozco el problema real, aunque lo imagino, porque tras el concierto bien que funcionaban las dos cajas. Pero durante el concierto, bien emplazado en el centro de la sala e intentando mantenerme equidistante a ambas cajas, era tremendamente gracioso mirar a la derecha, “sí, suena”, y a continuación mirar a la izquierda, “no, no suena”. ¿Cómo coño sales a un concierto sin tener una salida estéreo en condiciones? Hablamos de un concierto de rap: tres canales, dos micros, dos XLR (fueron tres por un problema de ruido), un par de jacks 1/4″ y unas cajas de inyección. ¿Como es posible que las bases instrumentales se escuchasen paneadas en función del crossfader? ¿Por qué las voces no estaban paneadas al centro, como dios manda, sino a un lado causando confusión y enturbiando el sonido? Lo digo de corazón y ya me jode, pero la sonorización fue muy pobre, de las peores que recuerdo. No quiero ni pensar en aquellos que estaban justo debajo de la caja que sólo reproducía instrumentales, aquellos que ni estando a dos metros de Nega eran capaces de entender lo que decía; o al revés… aquellos que por momentos sólo oían las rimas, pero apenas podían saber si entraban o no en el tempo correcto.

Y así, entre un fallo y otro, amenazas veladas contra cargos políticos, un glorioso chiste sobre Ortega Larga que no pienso reproducir aquí, conversaciones con el público acerca del sonido se nos fue pasando el tiempo y sin darnos cuenta ya había terminado el concierto. Intentaron acabar su show con Trabajadores, pero, más que curiosamente, ninguno de los integrantes de Los Chikos del Maíz recordaba su letra más allá de la primera estrofa, al parecer no era la primera vez (ni la última, visto lo visto). La presión popular trató de forzar algún bis más, aunque fuesen unas improvisaciones, y entre dudas, temores y algún que otro error memorístico se terminaron marchando Los Chikos del Maíz dejando tras de sí una sensación bastante agridulce.

Los Chikos del Maíz se merecen otra oportunidad. Sus letras son lo suficiente agresivas, concisas y claras para enmarcarlos aún más arriba del cacareado hardcore; poseen interesantes giros rítmicos, potentes bases y hasta cambios de tempo realmente bailables que no pudieron ser apreciados. También son un grupo con una fuerte presencia escénica, se les veía realmente encorsetados en un escenario donde apenas podían dar tres pasos. Estaría bien comprobar si todos sus conciertos huelen a rave o son apreciaciones de un alma un tanto resabida ya en lides ilegales. Y, sobretodo, se merecen otro local, otro tipo de sonorización. Tras lo sucedido este fin de semana me pensaré mucho repetir en cualquier otro bolo en la sala Jimmy Jazz.

Y nos fuimos hacia la sala Hebe que celebraba también su aniversario con Surko y Gritando El Silencio, pero esa es otra historia, realmente, menos musical.

http://www.myspace.com/loschikosdelmaiz

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