A vueltas con Alicia

Este blog nació con la sana intención de únicamente ocuparse de música y creaciones literarias. En el devenir de las risas tuvimos algún escarceo artístico y siempre nos inundan las ganas de fomentar el ataque moral en forma de rotundos editoriales, grandilocuentes y majestuosos; pero no supimos trazar una línea de continuidad más allá de nuestro pequeño reducto indomable. Hoy, nuevamente, vamos a transgredir este pequeño espacio comunicativo y , esta vez sí, vamos a intentar ser lo más objetivo posible inmiscuyéndonos en un mundo que, aunque familiar, no nos gusta trabajar ni criticar en exceso, pero del que nunca hemos estado separados más que unos pocos días.

El caso es que estaba leyendo a ese extraño ente alabado por muchos, denostado por otros, llamado Lucía Etxeberría en relación a una reciente película de gran éxito y notable producción. Esta señora, entre penas, nos habla de lo mala e infructuosa que fue la experiencia de ir al cine a ver la revisión del clásico de Disney a cargo del decorador que se creyó director y convenció a medio mundo de ello. Y cómo Lucía existen otras muchas, muchísimas personas. ¿Qué ocurre con esta película? ¿Qué hay tras el tres d?

Quizás, para empezar sería muy informativo leer un artículo del periodista Toni García bajo el título de El timo de la estampita en 3D. Tras ello, y sin entrar en academicismos ni tecnicismos, soltemos toda nuestra rabia y odio contra Tim y su revisionismo:

1. Tim Burton nunca fue un gran director. Lo he dicho siempre y lo seguiré diciendo. En sus historias prima más la estética que la historia. Mec, error. Aún así, sólo posee una gran película: Big Fish. También posee cierto don para destrozar mitos a través de una fórmula muy repetitiva. Nunca le perdoné destrozar así el libro de Roald Dahl.

2. Quizás debería darse un tiempo con su mujer y así nos ahorraríamos verla en cada una de las películas que factura el niño consentido de Hollywood o el falso freak, como se le quiera ver. No entraré en intrincados estudios interpretativos, pero no, no hace falta estudiar cine para hablar de la inexpresividad de esa mujer.

3. El pirata que no se toca el pito cuando mea por si se lo corta es otro de los chistes más recordados, aunque no supera al perro de la pata de goma. ¿Es algo más que un póster para carpetas? ¿Hacer el subnormal continuamente es digno de llamarse interpretación? Quizás tenga el síndrome de Tourette y todo lo que vemos en pantalla es fruto de sus tics y ataques. Abominable la elección de un actor fetiche para toda una carrera.

4. Whatever happened, happened.. Dicho de otro modo: si no superas ni igualas a Carrol al menos imita a Disney. Pero no, hay quien nunca entenderá las leyes que han de regir esta vida y, en un intento suicida de reformada modernidad, destroza hasta la humillación no sólo el trabajo literario bien hecho sino la imaginería colectiva de muchas personas que, sin afán ocioso, llevan casi desde la publicación de Carrol jugando a cruzar el espejo una y otra vez.

5. Y último. Mira que James Cameron es otra persona que no me cae nada bien, pero al menos es sabio: “Si quieres hacer una película en 3D, ruédala en 3D. Este es el típico ejemplo de Hollywood haciendo algo mal”. No entraré a discutirlo, él lo ha inventado y él lo critica. Pero bueno, no es algo aislado, dentro de los críticos de cine que logran vivir bajo el estigma de no gustarles el cine infantiloidemente oscuro de Burton ya se ha remarcado la concepción erróneamente tridimensional de la pequeña Alicia.

¿Y cual es mi conclusión? Cada día hay más gilipollas por la calle. Sí, lo siento, gilipollas, y con todas las letras. No soy un experto en cine ni mucho menos me considero hábil en la materia, incluso pude que esté muy desconectado de la actualidad cinematográfica. Pero el leve conocimiento audiovisual, musical, literario y filosófico-político que posee hacen que tenga que alejarme de películas como esta a velocidades relacionadas con el movimiento de partículas elementales. ¿Cómo nadie se da cuenta que le están introduciendo algo vía anal? ¿Por qué, tras Avatar, hay quien se empeña en seguir yendo al cine para ver películas en 3-D? ¿Por qué tantísima idolatría hacia quienes no hacen más que encarnar la sombra de Pandora cada vez que se juntan para trabajar? Y cuando alguien se me acerca a comentarme con disgusto la película sólo tengo una respuesta para él:

Eres gilipollas.

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