Mini diario de una mini grabación Vol. II

Una vez pasado el miedo inicial, una vez perdido todo el respeto hacia la consola Tascam DM4800 y tener conciencia de lo hecho en la anterior visita al estudio nos dispusimos a una nueva sesión. Esta vez no contábamos con el Neumann U 47, pero un AKG 414 nos serviría tanto para grabar voces como guitarras. Una vez más trabajamos juntos A. y yo en base a una rutina prestablecida: pies de micro, cableado, microfonía. Nueva sesión en Logic, ruteo de entradas y salidas. Esta vez todo iba sobre ruedas. Cableado para los cascos.

– ¿Llega señal?
– Sí, a la primera. Mándame reverb.
– Espera un segundo… a ver, dale ahora.
– Sí, hola, eyyyyyyy, heeelaadooo dee piñaa, paaraa eel niñooo y paaara laaa niñaaa.

Perfecto. Todo en su sitio, colocado y preparado para funcionar. Sólo faltan los músicos, en este caso sólo esperábamos por E. y su guitarra. Abrí el portátil, revisé mi correo y cotilleé un poco en alguna de las redes sociales que pululan por Internet. Primera llamada. Empiezo a ver vídeos de “chicas que cantan como gatos a punto de morir” que diría mi amigo Lari. Segunda llamada. Como diría alguna canción “suena el teléfono en el fondo del océano” porque parece que nadie responde. Quizás sea hora de desayunar e incluso hablar un rato con Susana, persona agradecida y sonríente donde las haya. Sigue pasando el tiempo. ¿Quinta llamada ya? Sí, puede. ¿Y las anteriores? Existieron, sí, como algún sms.

En alguno de esos instantes se me ocurrió pensar en Xulo, un perro negro de patas y pecho blanco que bien nos podría recordar a nuestra querida, a la par que antipática, gata Koira. Xulo estaría en ese instante desperezándose un poco bajo un poster de Radiohead, sí, áquel que sacaron en tiempos de Hail To The Thief situado en una rocámbolesca esquina de la casa que tanto le gustaba a nuestro amigo cuadrúpedo, aunque cuando, sentado sobre sus cuartos traseros, alzaba la mirada entornando los bigotes mientras su nervioso rabo marcaba el ritmo de cualquiera de las canciones que su amiga más cercana – dueña es una palabra muy fea para un amigo – le cantaba continuamente. ¿Sería Idioteque una de ellas?

– ¡Vamos Xulo, confíamos en ti! Ladra, gruñe, lame caras.

– ¡No, Xulo, no! Tú no te puedes dormir…

Quizás hoy todos nos debíamos haber quedado durmiendo…

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