Cuando algo “no” es para Todos Los Públicos

- Mamá, ¡me han robado el disco!

– Mamá, ¡me han robado el disco!

Extremoduro, por una razón u otra, siempre es noticia. Las dimensiones del grupo son tales que cualquier movimiento, cualquier acción, se magnifica hasta límites insospechados e inunda, de repente, la sección musical de los medios convencionales, los corrillos de bares y los descansos entre clases de los más animados. Siempre han dado que hablar, no obstante, hay quien los considera el grupo más grande que jamás ha existido en España.

La publicación de su último trabajo, Para todos los públicos, es una muestra más de la magnitud de un grupo y sus valores extramusicales. Hace bien poco, un joven mozuelo pensó que sería una buena idea sacar un dinero añadido a su sueldo incorporar algunas copias del citado disco previo a su lanzamiento. Loable idea y bendito desparpajo, todos tenemos que comer. Pero nuestro desdichado nuevo héroe olvidó que no se enfrentaba a un disco convencional, a un artista cualquiera. No, su rival en la cancha era un monstruo, uno de los grandes.

Producido el escarnio, la potente maquinaria existente tras la empresa que es Extremoduro empezó a funcionar. Primero fueron los acólitos en sacar las espadas ante el ultraje en aras de viejos romanticismos que rodean a la industria musical, actitud respetable aunque que tire la primera piedra el que esté libre de pecado. A continuación sería el poder fáctico -¿o hablamos de dinero?- que debe manejar Warner Music España para que la prensa generalista, la que no habla de música salvo cuando se muere alguien,  lance a los cuatro vientos el desaire a su pequeña joya comercial.

El juego ya está servido. Intereses velados, conspiraciones, mejoras de contratos, rescisiones de los mismos, apariciones de más agentes,… Una trama digna de ser seguida. Sería entonces cuando Promusicae se suma al asunto en defensa de, como no podría ser de otra manera, quien le podría dar rédito comercial. Recordaremos, brevemente, que Promusicae está detrás de, al menos, tres denuncias -una de las cuales llegó al Tribunal Europeo de Justicia– sobre asuntos de piratería que perdió categóricamente y suyo es el oscuro listado AFYVE . Otro ejemplo más de chantajes, extorsiones, monopolio y oscurantismo en la industria musical española.

A estas alturas de la película, el nuevo material sonoro de Extremoduro circulaba, como tantos otros, de usuario a usuario sin bendita compasión. La estrategia de lanzamiento de uno de los grupos más rácanos en cuanto a relaciones con la prensa o sus propios seguidores estaba en entredicho. Con veintiséis  días de antelación el daño económico infringido a todos aquellos deseosos de pastel era tal –cifrado ya en 120.000 euros por Promusicae– que hubo que recurrir a la autoridad competente.

Repasando nuestros personajes en orden de aparición contamos con: Extremoduro, el mayor grupo español en activo; Warner Music Spain, poderosa empresa multinacional; Last Tour International, aunque esto ya es especular, pero también están en el entramado empresarial que es Extremoduro; Promusicae, parte de la mafiosa industria española; SGAE, no ha sido nombrada, pero también participa. Y finalmente la mismísima Guardia Civil. 

Se produce una alianza y acuerdo de intereses económicos comunes pocas veces visto y se urge a los cuerpos de seguridad a buscar una solución. Y mucho se ha tenido que urgir, para que nuestro antaño héroe de la clase media que en su día adelantó el disco ya haya sido detenido y puesto a disposición judicial. Increíble la celeridad de la Unidad de delitos telemáticos para resolver esta cuestión. Críticas, o alabanzas, a la Guardia Civil por su rápida respuesta, no queda otra que asustarse o al menos reflexionar sobre la fuerza del lobby discográfico.

La industria en peso ha salido a defender a uno de sus sabuesos, solo a uno, al único que, quizás, sale rentable defender. Salen con la cabeza bien alta porque, por fin, han conseguido asestar un golpe a la piratería -en forma de persona individual, nuestro añorado antihéroe-, reforzando su discurso y publicitándolo en todos los medios del país mientras se defiende, a capa y espada, el modelo antiguo y decadente de la distribución musical. A pesar del consabido cambio de paradigma, algunos siguen anquilosados en las viejas formas, las que les colocaron en posiciones de poder, y los que hoy celebran el triunfo de la justicia y seguirán vejando a la gallina mientras el futuro de la industria musical da pasos por sendas donde el matonismo empresarial, el oscurantismo y el aquí ganamos todos sean, por lo menos, un poco menos evidentes a ojos del consumidor y algo más éticos con el autor.

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