Subterfuge 25 Años I: Recuerdos personales

Subterfuge Records, 25 aniversario (1989-2014)

Subterfuge Records, 25 aniversario (1989-2014)

El sello madrileño Subterfuge Records cumple veinticinco años y la Big Stereo Party que han organizado, coincidiendo con el Día de la Música, nos sirve de excusa para recorrer su extensa discografía, rescatar algunos grupos o incluso aventurarnos en su imaginario visual. No obstante, pese a quien pese, la presencia de Subterfuge y sus vástagos ha sido una constante en este último cuarto de siglo y su situación casi privilegiada entre otras propuestas discográficas. Convertida, por méritos propios, en un gigante de lo diminuto, la compañía, creada por Carlos Galán,

Quizás habría que ponerse románticos y recordar, antes que nada, cómo llegó Subterfuge a nuestra vida. Una veloz ráfaga de preguntas da con nuestros huesos en distintos momentos de los años noventa: Australian Blond Chup Chup (aunque no viéramos Historias del Kronen hasta años más tarde); luego llegarían Sexy Sadie y Killer Barbies. Para cuando nos quisimos dar cuenta Undershakers habían girado al español, Dover publicaban Devil Come To MeLos Fresones Rebeldes hacían lo propio con Es que no hay manera. Para algunos rezagados el sello madrileño no aparecería hasta la llegada de los recopilatorios junto a Pepsi en los que aparecían muchas de las bandas y que servirían de gran consagración del mismo.

De una manera u otra, Subterfuge Records, a través de su elenco de bandas, consiguió establecerse en la memoria colectiva de toda una generación. Quizás hablamos de canciones concretas que, con el transcurso de los años, han sido relegadas, otras menospreciadas y muchas abandonadas ante la falta de idiosincracia o cierto halo de comercialidad estructurada; demasiado purismo en algunos análisis. Más allá de algunos recuerdos adolescentes y con el poder que otorga la retrospectiva podemos ver que existía mucho más de lo que en su día vimos.

Escarbando en la memoria se suceden las tardes escuchando a Jesús Ordovás  y su Diario Pop. Quizás fuera el bastión del sello en la radio pública antes de quedar casi relegado, al menos en sus sonidos más pueriles, a Flor de Pasión con Juan de Pablos. Eran épocas casi olvidadas y más si incluimos el adjetivo “persona de provincias“. Discos llamativos, originales, una propuesta que trascendía lo meramente musical,… mucha era la curiosidad que infundaba el sello del diablo hasta que Internet apareció y revolucionó todo.

Fotos del pasado atestiguan sendas camisetas de Los Fresones Rebeldes. Tenía un especial cariño por la camiseta granate de Éxitos 99. Todavía vuelve a la calle, de vez en cuando, la camiseta correspondiente al subsello Canciones desde la tumba. Por contra, desgraciadamente, en alguna mudanza desapareció esa camiseta amarilla de mangas negras en las que ese diablo, ese icono de Subterfuge, acercaba maliciosamente una batidora a la cabeza de un perro. A través del catálogo del sello no solo se podía conseguir sus referencias musicales, sino sus cómics (años citando a La Cebolla Asesina mientras otros hacían lo propio con Batman), fanzines, recopilatorios, camisetas,… en definitiva todo aquello que formaba parte del imaginario del sello, aquello que le dotaba de personalidad y, como aprenderíamos años después, imagen corporativa.

Durante un período de mi vida podría decirse que fue “mi sello“. Recuerdo hacer pedidos con tanta asiduidad que terminé regalando a varios amigos el disco de Undrop que se empeñaron en ofrecer gratuitamente con cada compra. Apenas había edición discográfica que no terminase entre mis manos en los años próximos al final del milenio. Casi convertida en una adicción, creció en mí un parentesco, una asimilación, con las formas y maneras del sello independiente, amén de un gran respeto. Terminaron los noventa y fui infiel, casi que me fui a por tabaco, y comencé a observar a Subterfuge desde la distancia y, con los años, la madurez.

Ellos cumplen veintinco años y yo veinte años a su lado. Suena Pizza Pop mientras se completan estas líneas y acompaña la piel de gallina. Subterfuge Records pudo haber sido pieza importante de la difusión del Xixón Sound, quizás comercializó a grupos que nos engancharon al bendito placer de la música; pero, de lejos y antes de continuar con este especial, he de quedarme con ese poso de recuerdos asociados a su estirpe.

Sin contar Discoplay, suyos fueron los primeros discos que recibí por correo en mi casa. Suyas fueron muchas de las ya olvidadas ceremonias de apertura, olfateo, lectura y escucha de discos. Suyas fueron las primeras compras realizadas, simplemente, confiando en el criterio de un sello. Los primeros veranos dando vueltas a las cintas grabadas de cintas de aquellos recopilatorios. Tardes enteras soñando como sonarían los discos enteros de artistas que no podías escuchar más de cuatro minutos incesamente. Cientos de pequeños momentos adolescentes asociados a sus artistas…

Felicidades, Subterfuge Records. Más allá de lo acertado o no del catálogo actual, de las propuestas editadas o de las metas alcanzadas, debe subyacer el deseo, casi anhelo, de seguir atrapando bajo el influjo de la música a muchas personas que, com yo, algún día puede hablar más que de discos y artistas, de la importancia y del peso específico de emociones asociadas a lo que significa Subterfuge Records.

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