Juana Chicharro (2011)

Juana Chicharro (2011)

La música de Juana Chicharro y sus secuaces bien podría ser el telón de fondo sobre el que corretean los personajes de Eloy de Iglesia si en los barrios -algunos tan castizos, otros tan castigados- se hubiera combinado las cintas de Los Amaya con extrañas grabaciones, poderosas y arrebatadas, del rock más bastardo y maloliente casi emparentado con el punk. Así, entre arrabales y polígonos, chutes, palos flamencos y rabia garajera, surgiría una nueva ola adolescente que hubiera impulsado a las poblaciones del extrarradio hacía un nuevo hito musical.

Sin pensárselo demasiado, arranca el disco dejando claro que la inspiración inicial parte de un fondo de armario clásico, apegado a la tradición, al cante y a la copla con la recuperación de Fuego Fatuo de Manuel de Falla. A continuación se desata la fiera y los trajes de lunares bajan al fango dispuestos a luchar entre gritos y guitarrazos bajo fórmulas de rock asalvajado que dejan el flamencobilly de Mártires del Compás en un juego de niños ante el derroche de energía desatado en los escasos veinte minutos siguientes.

Aparece la más grande, La FaroanaLola Flores y queda claro que si alguien le quiere comer el tigre a Juana Chicharro va a sudar sangre. Cualquier excusa es válida para, pronto, verse emparentado con animaladas provenientes del rockabilly y hasta psichobilly, pero sin salir de un barrio, siempre gitano, en el que tanto se queman cartones para entrar en calor como siguen cayendo amigos en el camino víctimas de la droga. Bien podría ser Vallecas que ilustra su portada o cualquier otro de esos lugares entrañables, conocidos por todos, los lugares descritos en El Bulevar.

El disco sigue en ascenso, tanto musical como temático, de manera meteórica. La descripción del Redneck gitano que lucha para sobrevivir en esta sociedad a base del tráfico de drogas bajo un aceleradísimo patrón de batería. Unos Delincuentes, de Kiko Veneno, que gracias a la voz de Juana te trasladan aún más a ese universo basto de pequeños pillos de carácter bondadoso que tan apegados están a la tradición española. Aún hay algo de tiempo para revisitar a The Gories y hablar de los amores en La Celsa, poblado chabolista de Madrid, aunque al desdichado novio no le gustase Camarón.

Dejad de chutaros profundiza, aún más, en este descenso a los suburbios propuestos por Juana Chicharro desatando la mejor versión del encontronazo entre el punk y los dejes flamencos. Las nueve canciones, versiones y composiones propias, se erigen finalmente como una oda salvaje que, aún a riesgo de rozar la parodia, no deja de enaltecer una realidad nada mágica en la que los jóvenes morían en los descampados. Es mi cabra rebaja un poco la crítica social, acercándose al humor, enfilando el final de un disco que si empezó con La Faraona debía terminar con El Rey, Elvis Presley, y su Viva Las Vegas reconvertido en Me pico en la vena.

Los segundos de silencio posteriores al disco dejan en el ambiente una extraña sensación de desubicación. Los simpáticos drogadictos que conocemos jamás se moverían en estos términos musicales aunque sean ellos mismos los descritos por completo, sin caer en la burla, en las canciones de Juana Chicharro. Quizás, y solo quizás, podamos imaginar cómo hubiera sido la vida de los protagonistas de Ratas Callejeras si esta hubiera sido su banda sonora. Quizás, y solo quizás, estaríamos hablando de colgantes de oro de Johnny Cash y persecuciones a ritmo de The Cramps. 
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s